Cuando pronunciamos
palabras
yo no observo
su elocuencia.
Me importa,
puntualmente,
que sean francas.
Que sean nuestras.
Íntimamente nuestras.
Me importa reconocer
el lóbrego instante
que nos convierte
en héroes o en villanos,
Para ver mas allá
de los conceptos.
Y vivir, en definitiva,
Sin mayores
ni menores
artificios.
Comunicándonos
siendo libres.
Sin terminar
en la prisión
de las palabras
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